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Cuando buen cine y buena música se fusionan el resultado va más allá de cualquier sentimiento. La música exacerba los sentimientos que pretenden transmitir las imágenes, intensifica los momentos descritos y da lugar a una atmósfera inigualable. Todo el mundo sabe que la banda sonora es la responsable de que lloremos con las películas, que nos emocionen los musicales (si nos gustan, claro), y muchas veces hace que encumbremos nuestras cintas favoritas.

Hoy no quiero hablar de grandes bandas sonoras, me encantan, pero lo dejo para otro día. Quiero recordar varias canciones modernas que aparecen durante algunas escenas de 3 de mis películas favoritas. ¿Qué es lo que me embrujó de ellas? ¿El film, en sí? ¿O la música? Sin duda, una fusión de los dos elementos. Por desgracia, no encontré en Youtube algunas de las escenas originales en la que aparecen y sólo puedo deleitaros con las canciones, algunos de vosotros posiblemente las recordeis, otros quizás conozcais sólo la canción, y otros quizás cuando veais la cinta la próxima vez os fijaréis en ellas.

- Lost in translation (Sofia Coppola, 2003):

Susurros, caricias, sueño, vistas de las deslumbrantes luces de Tokio desde un taxi, miradas perdidas. Suspiros por un amor imposible.

Sometimes - My bloody Valentine

Just like honey – The Jesus & Mary Chain

- Juno (Jason Reitman, 2007):

Ternura… (siento que ni tan sólo contenga imágenes de la película… no encontré nada más)

Sea of love – Cat Power

Sencilla felicidad

Anyone else but you – Michael Cera and Ellen Page

- Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000):

Qué mejor banda sonora para acompañar una auténtica revuelta.

London Calling – The Clash

Y finalmente, mi favorita. Cuánta intensidad, desfoguémonos todos junto a nuestro joven protagonista, sintamos su rabia… sintámonos libres por un momento junto a él… brillante.

A town called Malice – The Jam

Magia

La magia de verdad pervive a lo largo de los años. No entiende de edades, sólo de ilusión. Pasada, presente y futura. Se cuece en los primeros años de vida, se disfruta con ojos llenos de ilusión, tras descubrir su secreto, intentamos vivirlo como si no lo supiéramos, y cuando crecemos al fin, sigue fascinándonos toda la vida. Queremos que se transmita, que no se pierda, que todo el mundo la sienta.

Son recuerdos de espléndida felicidad. De inocencia, de grandísima ilusión, de esfuerzo a todo nuestro alrededor para que la sintiéramos. Es lluvia de caramelos, papá llevándonos estoicamente sobre su hombro, sonrisas, lágrimas, zapatitos, luces. Que tus padres consigan que te vayas a la cama temprano, no poder dormir en toda la noche y que sea el único día del año en el que madrugas sin despertador ni protestas. Y juguetes. Ansiados juguetes. Quizás también algo de carbón, a lo mejor no fuimos tan buenos este año…

Magia es que pasen los años y te emociones al ver la cara de un niño que siente todo aquello que tú sentiste.

Que hayáis tenido todos unos felicísimos reyes y que os hayan traído muchos regalos!

Me voy a atrever a definirla como una de las películas más románticas que he visto nunca. ¿Quién no ha soñado nunca con conocer al que podría ser el amor de su vida en un viaje de tren? ¿Quién no ha soñado con pasar una noche maravillosa paseando con esa persona por una ciudad como Viena, hablando con total confianza aunque la conozca de pocas horas?

Romanticismos aparte, se trata de un film sencillo en su planteamiento, con sólo dos actores principales, unos fantásticos (y jovencísimos) Ethan Hawke (guapísimo, como siempre) y Julie Delpy, donde el protagonismo absoluto está en sus diálogos. Es una de esas películas en las que hay que estar con los cinco sentidos puestos para no perder detalle de lo que se dicen. Durante hora y media, hablan y reflexionan sobre diferentes aspectos de la vida de mil maneras, intercambian puntos de vista, y consiguen que quedemos enganchados a cada palabra que se dicen, nos hacen sentir identificados con sus pensamientos, a la vez que nos hacen complices de sus miradas mutuas, de sus gestos, de su coqueteo, con una química tremenda entre ellos.

Uno de sus grandes méritos, aparte de los brillantes diálogos de los que he hablado, está en ser tan romántica sin causarnos diabetes aguda en ningún momento, algo que es muy difícil de conseguir y que la convierte en una buenísima película romántica. Resulta mágica a la vez que verosímil, y tiene un toque de inocencia juvenil que le da el encanto necesario para una historia de este tipo.

El mismo director firmó una secuela, denominada “Antes del atardecer“, en la que los protagonistas se reencuentran 9 años después en París. Sin esa inocencia, los diálogos siguen siendo los protagonistas y también, aunque de manera diferente, tiene muchísimo encanto.

Cinéfilos, dos cintas altamente recomendables.

Estos últimos años hay un tema candente que no para de crear polémica, tanto por el tema en sí como para las medidas específicas que se están tomando para “paliarlo”. Se trata de la proliferación de descargas ilegales de música, cine o series de televisión. Pocos internautas no han sucumbido a ello, tentador como es. Como era de esperar, músicos y artistas (especialmente aquellos que hace siglos que no hacen nada y viven de lo que hicieron en el pasado, qué curioso), amparados por la pirata SGAE, han saltado y siguen reivindicando que se pare esto que ellos denominan como “lacra” que amenaza con “matar la creación y la música”, con el medio que sea.

A partir de sus protestas, nacieron medidas como el injusto “canon”, que muchos entendimos como una especie de licencia para, a partir de entonces, bajarnos lo que nos viniera en gana; y el colmo, la ley anti-descargas que atenta contra las libertades individuales en internet. En países vecinos, medidas similares se están aplicando para intentar pararlo, cuando miles de trampas habrán aparecido a la vez para sortearlas.

No negaremos que lo que se hace sea ilegal, pero todo ello debe conducirnos a una reflexión dirigida hacia la industria artística: los tiempos han cambiado. Y mucho. El modelo antiguo de tienda-cd no funciona, está más que obsoleto. Internet lo revolucionó todo, y la gente no está dispuesta a pagar 17 euros por un cd que no sabe si valdrá entero lo que se ha pagado. La música está al abasto de todos, y ello ha hecho que, a mi parecer, se escuche más música que nunca. Y con ello, artistas que quizás con el modelo antiguo nunca hubieran llegado más que a cuatro, ahora llegan a más gente. Más gente que quizás esté dispuesta a pagar para verles en concierto, por lo que los ingresos pueden ser incluso superiores a los que hubieran tenido por entonces. Pero obviamente, aquí los grandes perjudicados son los grandes artistas, pobrecitos de ellos, ya no podrán pagarse sus chaletitos en Miami. Asumanlo, señores, el modelo ha cambiado, y si no se pueden pagar sus caros caprichos, pues paciencia.

La música tiene futuro, y muchísimo más del que se imagina. Iniciativas como Spotify, un software para escuchar música online con un catálogo infinito y con posibilidad legal de gratuicidad absoluta, para mí uno de los mejores inventos de este principio de siglo, o iTunes, pueden significar ese futuro. Plataformas como estas y la potenciación de los directos son medidas inteligentes para que se pueda seguir ganando dinero con la música. Se acabó el escribir una canción y vivir de ella toda la vida, algo que considero un tanto injusto (después los mismos que protestan por las patentes son los que reivindican este “derecho”…).

La verdad es que no sé muy bien cómo acabará esto. Dejen de dar palos de ciego y de luchar contra lo inevitable, y asuman el cambio. De no hacerlo, matarán de verdad la música. Esperemos que no ocurra.

No es una canción de Navidad ni tiene que ver nada con esta festividad, pero la música que lo forma creo que es una banda sonora perfecta para estos días de noches largas y en los que muchos puede que busquéis de tanto en tanto un refugio de intimidad entre tantas reuniones.

Nobody\’s off the hook – Rufus Wainwright

Delicadeza, calidez, emotividad, calma, son algunas de las cosas que nos transmite. Parece como si nos transportara a un hogar cálido, a un sofá al lado de una chimenea, con nuestro libro favorito en las manos; o a cualquier refugio personal que se nos ocurra. La voz de Rufus Wainwright sale entre las notas de un piano y una orquestrilla de cuerdas que le proporcionan el ambiente ideal en el que moverse con libertad.

Este cantante me tiene últimamente completamente enamorada con su voz. Canciones tiene más y menos buenas, pero su inconfundible voz les da un sello personal y un toque de elegancia sutil que encandila fácilmente a quien lo escuche. Otro de sus temas, del mismo “Release the stars”, de 2007, va en la misma línea del anterior y también podemos incluirlo en esta especial banda sonora.

Going to a town – Rufus Wainwright

Este post, aparte de servir para felicitaros las fiestas a todos los que pasáis por aquí, me apetece dedicarlo a todos aquellos melómanos que sé que pasean por este blog de tanto en tanto y que desde los suyos hacen buenas sugerencias, y también a todos aquellos que adolezcais de esa misma maravillosa enfermedad :-)

Tras la emocionante “Cometas en el cielo”, este escritor afgano exiliado en Estados Unidos publicó, hace dos años, esta impactante novela. Trata la historia de dos mujeres afganas de diferente origen y diferentes edades, Mariam y Laila, cuyos destinos quedan unidos por trágicas circunstancias en sus vidas. Prefiero no desvelar demasiado el argumento y que, si aún no lo habéis leído, lo hagáis casi a ciegas, tal y como yo lo he hecho.

En el libro se hace un estupendo resumen a la historia reciente de Afganistán desde dentro, desde la perspectiva de la gente que la ha vivido en primera persona, de manera similar a cómo lo hizo en su primera novela, pero de forma mucho más intensa. La invasión de los soviéticos, la guerra para echarlos, la sangrienta y cruda guerra civil entre diferentes facciones de muyahidines que llegó después, la llegada de los talibanes y la posterior invasión occidental que los echó del poder. Y todo ello explicado desde los alrededores de dos mujeres que sufren hasta las últimas consecuencias el rechazo y el menosprecio de la sociedad en la que viven, más aún cuando este se hace oficial, con los talibanes al poder.

La historia es tremendamente dura. Las desgracias son continuas y la violencia está presente de manera cruda tanto dentro como fuera de sus casas. Pero hay algo que te engancha, posiblemente el deseo de que haya un rayito de esperanza. O la amistad profunda entre las dos mujeres y el amor a sus hijos, que es lo que les da fuerza para tirar adelante. Cómo entre tantísimo horror nacen sentimientos tan tiernos y verdaderos, y cómo estos son suficientes para no tirar la toalla, para tener una razón por la cual levantarse cada día. Aterroriza, pero, pensar en la cantidad de mujeres que han sufrido y sufren todo aquello que se narra.

Probablemente sea de los libros que más lágrimas me han hecho derramar. De tristeza e impotencia, principalmente, pero también de emoción. Es bellísimo a la vez que horriblemente crudo. Se lee muy fácilmente y su estilo tiene pinceladas de poesía sencilla de entender. De lectura altamente recomendada, aunque no apta para bajos momentos personales. Y puedo asegurar que no dejará indiferente a nadie.

Hay gente con el admirable don de llevarse bien con todo el mundo, pero de verdad. Son aceptados en todos lados, son los compañeros de piso, o de clase, que difícilmente tendrán problemas con alguien, son excelentes amigos, no caen mal a casi nadie, y lo mejor de todo, tampoco generan ningún tipo de envidia. Parecen estar tocados con una varita mágica que les protege de odios y malas actitudes ajenas. Son muy nobles pero lo suficientemente inteligentes para que nadie les tome el pelo. Pocas veces les verás metidos en peleas, pocas trifulcas habrán tenido durante sus vidas, no son diana de críticas como tampoco las realizan.

A mi alrededor hay varios ejemplos de este tipo de gente, algunos de ellos tengo la suerte de que formen parte de mis amigos. Y despiertan dentro de mí una profunda admiración. Porque es una suerte ser así, tener ese don. Yo creo que es algo innato, que se tiene o no se tiene. Todos sabemos que nadie es bueno ni malo, todos tenemos nuestras cosas buenas y nuestras cosas malas, todos somos más o menos generosos, más o menos “criticones”, tenemos más o menos dosis de mala leche, más o menos soberbios, pero este tipo de gente parece rozar el umbral de lo que podría considerarse como una buena persona, sin buscarlo, ni reflexionar, sin tener necesidad de tirar de manuales de autoayuda (completamente inútiles, en general). Son así, y punto. Y sabes que en la vida todo les irá bien porque así lo merecen.

A muchos nos gustaría ser así, y por mucho que nos esforzáramos en serlo, siempre resultaría forzado. Por ello los admiramos, más aún sabiendo que difícilmente se corromperán. Y qué bien que no lo hagan.

Acabo de terminar de leer el segundo ejemplar de la trilogía Millenium, del escritor sueco Stieg Larsson. Me leí la primera parte hace ya unos meses, y puedo decir que me gustó, me enganchó bastante y que me dejó una cierta curiosidad de cara a la segunda parte. Cuando empecé a leerla, me enganchó, pero a medida que se desarrollaba la trama, aunque tenía algunos puntos muy interesantes, me fue interesando cada vez menos. Lo he acabado por mera curiosidad de saber qué pasa al final, pero he de confesar que me ha costado bastante llegar a él.

En esta entrada no pretendo ni desgranar ni destrozar estos libros. Es cierto que tienen tramas que enganchan y están escritos en un lenguaje muy sencillo, muy práctico, sin florituras y con escasos recursos literarios, lo cual hace que lectura sea facilísima y que llegue a muchísima gente. Básicamente es un best seller en toda regla, lo cual es muy respetable, no me pondré a criticar este tipo de publicaciones porque encuentro que tienen su público, hacen que muchísima gente se acerque a la lectura y hay más de uno que realmente me ha gustado mucho, sin ser mi tipo de libros favorito (me encantó Los pilares de la Tierra, de Ken Follet; y me dejé seducir por la saga de Harry Potter; entre otros). Pero me cuesta entender qué tiene de especial, qué es lo que hace que se haya convertido en un auténtico fenómeno.

Analizando qué es lo que me atrapó, especialmente en el primer libro, sin duda la clave la encuentro en la química entre los dos personajes principales, y a mí personalmente me encanta el personaje de Lisbeth Salander, aunque un pelín estereotipado me engancha, me parece muy interesante. El primer libro es bueno, la trama es muy interesante y sin duda la relación entre ellos es la columna vertebral de todo el engranaje. El estilo, ya digo, sencillo, sin concesiones ni pretensiones, no especialmente llamativo, simplemente al servicio de la historia, nada más. El segundo, como he dicho, creo que flojea cada vez más, e incluso en el estilo se nota el “cansancio” del escritor (aparte de la presencia de alguna que otra situación un tanto rocambolesca, en mi opinión). No leí la tercera parte, y la verdad es que no tengo demasiada curiosidad en hacerlo, quizás debiera darle una oportunidad. Así que en su conjunto no veo claro el por qué de su tremendo éxito. Quizás nadie lo sepa, sea una de esas cosas que no tienen explicación. Para mí resulta un misterio, y cómo tal puede que sea difícil de resolver. Pero ahí queda. Es probable que sea una cosa personal y punto. Mejor no darle más vueltas.

No puedo más. Necesito un refugio hasta principios de año nuevo. Tengo tentaciones de dejar de ver la tele y de escuchar la radio. Lo siento mucho, pero cada año me supera más. Lo sé, es irracional, por mucho que pueda tener mis razones en hechos del pasado. Pero no puedo evitarlo. La sangre me hierve, el humor se me agria, mi sonrisa permanente desaparece y los peores sentimientos florecen sobre mi piel. Lo único de lo que realmente tengo ganas es de huir, de irme bien lejos, de aislarme. Ya expresé hace dos años algunas razones, un tanto alejadas de los tópicos anti-navideños. Me satura todo junto. Quizás me parece excesivo, incluso, alargado innecesariamente en el tiempo (supongo que por razones comerciales). El mejor reflejo, la ironía y el sarcasmo de este brillante tema de Love of lesbian, aunque no creo que tenga mucho que ver en el fondo (por mucho que más de uno se sienta identificado)

Pero bueno… por razones económicas y sobretodo por mi madre, que no tiene ninguna culpa de estos sentimientos, no lo hago. No pretendo atragantarle a nadie el turrón ni estropearle la ilusión, y menos a la gente a la que quiero con locura. No me queda otra que aguantarme, con lo poco que me gusta, porque al fin y al cabo los que no tienen ninguna culpa de que me sienta así no tienen por qué pagarlo. Eso sí… no puedo callármelo.

Hoy leí un excelente artículo en el país, llamado ¿Hijos o trabajo? Elijo el trabajo, que recomiendo que leáis todos aquellos que alguna vez hayáis reflexionado sobre el tema. Yo no es que tenga intención de tener hijos en un periodo corto de tiempo, de hecho es una de esas opciones de vida que aún no tengo demasiado clara y que más bien me causa un cierto rechazo de primeras, aunque nunca se sabe. Pero el tema en sí es uno de esos que me preocupa como mujer.

En el artículo se hace un buen análisis de la situación actual, especialmente focalizado en mujeres con estudios, que considera que son las que más frecuentemente llegan a encontrarse con ese dilema. La primera pregunta que podemos hacernos es precisamente por qué este dilema. Y sobretodo, por qué las mujeres. Algo está fallando en nuestra sociedad para que aún tengamos que hacernos esta pregunta. Es crudo y real el hecho de que, llegadas a determinada edad, es muy difícil que a una mujer se le ofrezca un buen puesto de trabajo, posiblemente más que merecido. Nunca veremos a un hombre al cual le pongan las mismas trabas.

Cierto es que hay una razón “natural”, por definirlo de alguna manera, para que se vincule tener hijos a la mujer. Por mucho que queramos, somos las que “aguantamos” el embarazo, las que parimos y las que damos de mamar, no hay elección. Pero siento mucha impotencia al ver como esto puede influenciar una carrera laboral curtida y fruto de muchos años de esfuerzo y trabajo (no es cuestión de prioridades frívolas, sinó que se trata de sentir que los esfuerzos realizados han valido para algo). Por suerte, cada vez los hombres están más dispuestos a compartir las diferentes cargas que la paternidad implica, y el hecho de que un hombre pueda pedir la baja ha significado un gran avance. Cierto es que la carga económica para una empresa es alta, pero harían falta medidas concretas para acabar con esta discriminación (mayor tiempo de baja, mayores facilidades para que las empresas puedan hacerle frente, …) además de un enorme esfuerzo en la sociedad por considerar de verdad la paternidad como algo propio de dos personas (“La sociedad y la empresa aún vinculan en exceso los hijos a la madre. Que el padre reduzca su trabajo para dedicarse a ellos lo ven contranatura.” No hacen falta comentarios).

La verdad es que no sé si tener o no esperanza. Parte importante del papel está en las mismas mujeres, que muchas veces somos las que favorecemos este tipo de concepciones (¿cuántas veces se oye de boca de una mujer el “con quién va a estar mejor que con la madre?”). Pero hasta que no haya un verdadero compromiso para mejorar esta situación, seguiremos teniendo que hacernos esta pregunta, y, francamente, es muy triste tener que tirar a la basura todo lo realizado o renunciar a tener hijos, si se quiere.

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