Aunque haga más de una semana que no escribo nada por aquí, no me he olvidado de este pequeño rinconcito ni déjare de cuidar a los pocos visitantes que tengo por aquí. Todos sabéis que el sábado por la noche cambiaron la hora, y desde el domingo podemos ver, otra vez como cada año, como a las 7 de la tarde hay oscuridad absoluta. Vaya paranoia mental que tengo por la cabeza, pensaréis. Sí, pero este hecho tan tonto me revuelve sentimientos por mi cabeza.
De adolescente, adoraba que los días se hicieran cortos, que la oscuridad tomara la tarde, salir de clase y que fuera de noche. Me inspiraba, todas las historias que poblaban mi mente tomaban vida y era la persona más feliz del mundo. El juego de luces de la ciudad, los primeros fríos o los cafés de tarde mirando por la ventana del bar y viendo como la noche tomaba cuerpo. Paralelamente, mi mente volaba, viajaba a dimensiones inimaginables, y si tenía oportunidad y encontraba las palabras para plasmarlo, corría al ordenador y lo escribía, aunque en principio no tuviera forma. Con los años, al leer algunas de aquellas cosas he sentido vergüenza, algunas incluso han desaparecido, aunque otras fueran bastante decentes.
Pasados los años, me da lástima reconocer que he perdido la inspiración, que la oscuridad de otoño ya es como si no me transmitiera nada, sólo me evoca épocas pasadas. Ahora incluso me molesta ver como la tarde se hace más corta, como el verano ha ido cediendo su silla de honor al otoño.
Otra señal de que quizás me esté haciendo mayor, ¿no?
Os dejo con una de mis canciones favoritas, lenta, suave y muy adecuada para estas tardes de otoño. Se trata de Playground love, de Air, procedente de la banda sonora de “Las vírgenes suicidas”.
PD: Este post lo tenía empezado el domingo, que es cuando realmente me inspiré para escribirlo. Sorry que hasta hoy no haya podido acabarlo… (y en horario inadecuado).