Hace ya unos días que terminé de leer una de las grandes obras de la literatura del siglo XX, “1984”, del escritor británico George Orwell. Esta novela es conocida principalmente porque de allí salió el título del famoso programa de televisión Gran Hermano, cuyo concepto es aproximado: el que todo lo ve.
Cuando empecé a leerlo debo confesar que no podía cerrar la boca de asombro. No me acababa de creer lo que leía, la palabra técnica más adecuada para lo que pensaba de la historia era “acojonante”. Sus líneas, especialmente al principio, te hacen prisionero, para que te sientas como el protagonista ante las acciones de ese super-estado en el que transcurre la acción y el cual es coprotagonista de la novela. Un estado totalitario en el máximo sentido de la palabra, donde se ha dividido la sociedad en dos estratos: los funcionarios, obligados a demostrar en todo momento fidelidad total y absoluta al Gran Hermano, vigilados en sus casas en todo momento por cámaras, no sólo en sus acciones sinó también en sus pensamientos: y los proletarios por otro lado, las grandes masas de gente a los que se les considera ignorantes, borregos, inferiores. El pasado ha sido destruído, los recuerdos manipulados, las verdades suplantadas y la lengua renovada, acortada, sin sinónimos, simplificada a los pocos conceptos que el partido oficial acepta. Y finalmente, se han suprimido todo tipo de sentimientos.
Y esto es sólo un aperitivo, aunque yo no pueda transmitir el horror de la misma manera en que lo consigue Orwell. Tras ese argumento y ese contexto, se plantean toda una serie de reflexiones sobre el poder y los límites a los que podríamos llegar en la sociedad. Obviamente tendríamos que contextualizarlo en la época en que fue escrito, el año 1948, porque la visión futurista catastrofista es producto de lo que sucedía en aquel momento. De hecho, Orwell se inspira en el regimen comunista ruso (especialmente en el estalinismo) por una parte y el nazismo alemán por otra (en la entrada de wikipedia se explican detalladamente los paralelismos), y supongo que todo se basa en las paranoias que el autor debía tener en su cabeza sobre la dirección que iba a tomar el mundo en función de lo que sucedía en su tiempo.
Quizás ahora las mismas paranoias serían distintas, ¿o quizás no tanto? Muchas son las visiones sobre el rumbo que está tomando la historia actual, y quizás en algún momento aparezca un “1984” de nuestro tiempo con el que quizás muchos nos podríamos sentir identificados e incluso sentir pavor porque se hiciera realidad.




Ostra Marta, realment 1984 és de les millors novel·les de ciència ficció (?) que he llegit mai.
Ho vaig fer aquest estiu, i realment no em va deixar indiferent.
Si t’interessa, i si no les vas veure, t’enllaço tres dels posts del meu bloc que parlen sobre el llibre:
http://lidiapeleja.blogspot.com/2007/07/maquiavel-i-1984.html
http://lidiapeleja.blogspot.com/2007/07/especialment-productiu.html
http://lidiapeleja.blogspot.com/2007/07/les-3-categories-segons-g-orwell.html
Recomano principalment l’últim dels tres.
Petons Marteta! fins dilluns!
Eiiii Lídia i tant q m’enrecordo dels posts q vas fer sobre el llibre aq estiu (de fet et vaig deixar un comentari a una), de fet vaig pensar en fer-hi un link des del blog però al final no hi vaig caure. Els tornaré a revisar.
Tens raó, és de les millors noveles de ciència-ficció q s’han escrit mai, fantàstica, com pots veure tampoc m’ha deixat indiferent.
Un petonet i merci pel comment!