Todos en algún momento de la vida habéis oído hablar de W. A. Mozart, uno de los compositores clásicos más famosos de la historia de la música. Seguro que conocéis más de una melodia suya, aunque no sepáis que lo es. Se le considera uno de los grandes compositores de música clásica, uno de los más aclamados y tocados, y sin duda de los más populares. Pero entre los eruditos de la música clásica es un autor que genera una cierta controversia.
Este post ha nacido a partir de un comentario surgido en el ensayo de orquesta de hoy, que venía a decir que toda la música de Mozart es calcada. Recuerdo una de mis profesoras de música que decía que la música instrumental del compositor no valía nada, que sólo merecía la pena la obra cantada. Y un amigo mío, bastante entendido en la materia, confiesa que no le gusta nada. Pero yo debo confesar, como ya dije hace pocos posts, que es mi debilidad personal. Y no creo que sea la única persona.
¿Qué tiene este compositor que genera reacciones tan opuestas? Analizándolo un poco y rememorando alguna de sus piezas, quizás peque de lo que ahora se denominaría “demasiado comercial”. Sus melodías a primera vista pueden parecer simples, vacías, incluso insulsas, repetitivas, hechas para gustar a un público básico. Pero de la misma manera que cuando lees por primera vez una partitura de Mozart parecen las notas más sencillas del mundo pero cuando lo tocas te das cuenta de que la sencillez precisamente es de lo que carecen, yo creo que hay mucho más allá de esa primera impresión. Posiblemente no sea más que una opinión personal, pero su música me hace sentir muchísimas cosas, siempre es un placer tanto escucharlo como tocarlo, aún a pesar de su dificultad. Sus melodías infunden alegría, ganas de vivir, trazan una sonrisa en los labios y ponen de buen humor hasta al individuo más desafortunado del mundo. Sin olvidar que una de sus grandes obras, su magnífico Requiem, no es precisamente alegre, y con ella demuestra que es un autor versátil, capaz de cualquier reto; un genio, sin duda.
Quizás me guste porque en el fondo me recuerda a mi forma de ser, alegre y desenfadada, “happy” como dicen algunos. No lo sé, lo único de lo que puedo dar certeza es de que ningún compositor clásico llega a provocarme las sensaciones que este desencadena en mi interior. Os dejo con una de mis piezas favoritas, el segundo movimiento del concierto para clarinete kv. 622, una auténtica delicia para los oídos.




Bufff… més d’acord amb tu no puc estar-hi.
Des de fa relativament poc sóc una fan de Mozart, però vaja, que els seus concerts per a violí i orquestra, sobretot els números 3, 4 i 5… són impressionants!
A veure com queda el Divertimento el dissabte a Mataró!
Una abraçada!
El problema es que en Mozart es masa popular, moltes pelicules i molt conegut. Sempre hi han els “entessos” que quant una cosa arriba als gustos populars l’acusen rapidament de papanatisme i de superficial, de poc exquisita.