Me gustan estos días. Me gusta mirar por la ventana a las diez de la noche, cena en mesa, y comprobar que aún hay un atisbo de luz natural en el exterior. Me gusta sentir cómo los días cada vez se alargan más. Me gustan los primeros calores, suaves y atenuados, agradables, aquellos que te invitan a rescatar del armario las camisetas sin mangas, las faldas de verano, los pantalones a media pierna. Me gusta ponerte de nuevo esa ropa, y acompañarla de una chaquetita fina por las mañanas y por las noches, descubrirme los pies y volver a llevar sandalias. Me gusta tumbarme a tomar el sol y sentir que mi tez, mis brazos y mi escote empiezan a adquirir un cierto color, una cierta vida. Me gusta la sensación de este calor incipiente que no agobia, que te envuelve pero te deja respirar. Me gusta que las ventanas de la casa empiecen a abrirse, sentir la brisa como cruza el salón y el pasillo y sale por las habitaciones.
Aires de un verano incipiente, que asoma su cabeza, tímido aún pero decidido, que nos alegra cuerpo y alma, que nos quiere hacer partícipes de su vuelta y testigos del inefable paso del tiempo: otro verano que pasará.
Y para finalizar esta entrada, uno de mis últimos descubrimientos musicales, Beirut, un grupo americano con fuertes influencias de la música balcánica y un sonido más que original.



